martes, 31 de marzo de 2009

EL RIO PERDIDO

Recuerdo el olor a tierra mojada por el rocío de la noche. Recuerdo la capilla al final del claro en medio del bosque, y en el otro extremo la casa. Recuerdo la Smith & Wesson que el abuelo me mostró con orgullo, y el sol que entraba por las ventanas del comedor donde almorzamos al día siguiente por la mañana. Las tiernas teorías sobre la presencia espiritual de la abuela y la cantera y el adobe con que todo estaba construido.
Llegamos un día al caer la tarde, y al siguiente muy temprano ella me llevo a conocer el río. Nos fuimos sin avisarle al abuelo.
El río y la luz eran una misma cosa, ambos serpenteaban entre los encinos, avanzaban enredados uno en el otro, y encima de ellos el viento hacia sonar las hojas como si fueran campanas de cristal. Caminamos río arriba, nos fuimos por la orilla, acariciando la piel verde de los árboles, juntando piedras de colores, buscando el camino oculto de los elfos. Recargamos nuestros amuletos y nos mojamos los pies con la sangre pura de la madre tierra. Una parvada de mariposas levanto el vuelo cuando ella se acostó junto a mi sobre la cama de musgo. Volvimos antes del mediodía. El abuelo nos recibió con gesto adusto, estaba sentado en su mecedora limpiando la Smith. El coraje se le paso pronto y el tiempo en nuestras vidas también. Jamás la volví a ver, y por crudo que parezca a ella la olvide, pero aquel paraje quedo para siempre en mi mente. Cuando pensaba en el lo imaginaba como un mundo dentro de otro, sobreviviendo encerrado en una burbuja que lo protegía de la podredumbre de un mundo mas grande, y totalmente sumido en la decadencia. Al paso de los años volví a buscar aquel lugar de mi adolescencia. Anduve de nuevo por el camino que llevaba a el. Cuando al fin llegue, me di cuenta que la burbuja que lo protegía se había hecho pedazos, y que el hollín y las aguas negras del mundo mas grande habían entrado en el. Nada era igual que antes, los encinos parecían cadáveres que se mantenían de pie, el río y la luz ya no corrían juntos, y si alguna vez hubo elfos en ese lugar, habían emigrado en su totalidad en busca de otro sitio mágico para encerrarlo en otra burbuja. Yo desanduve tristemente el camino, pero antes de abandonar aquel sitio al que jamás volveré, volví la vista atrás y a manera de plegaria para un mundo roto, recite la parte de un poema de Machado y cantado por Serrat:
“Yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse de sol y grana,
volar bajo el cielo azul,
temblar súbitamente…y quebrarse”

Alan.