“En la sangre minera y en la plegaria obrera” Mercedes Sosa cantaba esa línea y de pronto recordé que alguna vez mi madre me contó, que de niños, sus hermanos trabajaron en una mina, que les dieron trabajo porque sus manos eran pequeñas y podían meter los petardos en los agujeros hechos para el efecto. No imagino a mis gigantescos tíos haciendo eso ahora, no los imagino pequeños ni a ellos ni a sus manos. Luego, por asociación de ideas, pensé en las manitas de mis hijos extendidas hacia mí, tocándome la cara, tocándome el pecho, allí, muy cerca de mi corazón. Concluí así que en cada caricia que nos dan nuestros pequeños, insertan una carga de tiempo que al paso del mismo estallara, dejando al descubierto esos recuerdos que nos alimentaran cuando dejen de ser niños, cuando no trabajen más en las minas de nuestro corazón.
Alan.
lunes, 21 de junio de 2010
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