miércoles, 4 de febrero de 2009

DESNUDOS EN UNA TARDE DE DOMINGO.

Un valle de sabanas y tu cuerpo semidesnudo extendido sobre el. Los recuerdos de tu niñez brotan de la boca que tiene el cuerpo de la mujer que ahora eres. Te escucho recostado a tu lado, sintiendo el aire del ventilador subiendo por mis piernas. Afuera los autos pasan, las bocas maldicen al sol que les quema la cara y el hollín mancha las almas, pero aquí, en nuestra habitación, la sinfonía de la decadencia no llega.


UNA BURBUJA DE SERENIDAD NOS PROTEJE, NOS ENCIERRA, NOS HACE INMUNES

Luego abro la ventana y la paz contenida en nuestra habitación se desborda, sale a la calle y lo inunda todo. Anega el barrio de tranquilidad y entonces nada es caótico.
La fuente de este río desbordado es tu cuerpo de mujer semidesnuda, que tiene una boca de mujer que me habla de cuando era niña. Remembranza poderosa que convertida en vibración paraliza motores, ahoga imprecaciones, derriba paredes, penetra oídos, cuerpos y almas.

El aire del ventilador lleva más de tus recuerdos a la calle. Anécdotas convertidas en semillas que caen aquí y allá. Donde cae un recuerdo tuyo brota un árbol. De mis oídos brotan retoños que se convierten en enredaderas que suben por las paredes y lo cubren todo.

SOY LA TIERRA DONDE GERMINA LA SEMILLA DE TUS PALABRAS, DE TUS RECUERDOS

Sigue hablándome de cuando eras niña. Dejare la ventana abierta y así tal vez podamos reforestar el mundo.


Que fecundos son tus recuerdos.

Alan.

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