Lo descubri hasta que me senté en el sofá. Era un pequeño espejo redondo con mango de madera que estaba tirado en el suelo de mi habitación, casi a los pies del altar de rituales de Casandra. La pintura de la madera que lo enmarcaba lucia escarapelada, y dejaba ver que alguna vez estuvo pintado de dorado y verde. Una típica pieza de bazar, de esas que en cuanto las ves sabes que tienen toda una historia detrás. Nunca antes lo había visto y no sabia como había llegado hasta ahí. Pensé entonces que seguramente era de mi madre y ella lo habría olvidado en el suelo al hacer la limpieza, pero deseche pronto esa idea pues mi madre como toda buena madre, no dejaba nada tirado en el suelo y menos después de hacer el aseo —¿habrá sido de Marisol?— me pregunte. –Claro—dije de nuevo. –Dejaras de ser mujer, ya no te preocupes tanto por mi—grite viendo hacia la puerta con la esperanza de que mi madre me escuchara. Llege a la rápida conclusión de que aquel espejo habia pertenecido a mi ex novia Marisol, y que mi madre lo había dejado deliberadamente frente al sofá en el cual solo me sentaba cuando necesitaba cavilar, cuando quería tomar alguna decisión importante. Pensé que mi madre al dejar el espejo ahi, pretendía hacer que Marisol estuviera presente de alguna manera en mis pensamientos. –Las dos estan de acuerdo, lo se— exclame con fuerza mientras me llevaba la botella de tequila a la boca. Mama insistía en que desde que termine con Marisol yo había cambiado para mal, que había perdido el rumbo y hasta el empleo, juraba que detrás de todo estaba Casandra, mi nueva novia en aquella ocasión. Pero mi madre no solamente era mujer de opiniones, era también mujer de acciones. Llego al extremo de presentarse en casa de los padres de Casandra, para decirles que su hijo (entiéndase que hablo de mi) era un hombre comprometido, y que no era de buen ver que su hija se entrometiera en una relación que pronto seria bendecida por la santa iglesia. Me reservo aquí el relatar cuanto problema nos causo con semejante acción, que a final de cuentas no sirvió de nada pues no logro separarnos. Fue la vida quien lo hizo después.Casandra tenía siempre cierto halo de misterio, y una belleza en la que podías encontrar tanto los rasgos de la raza gitana y los de la sangre eslava. Podía aparecer vestida con una larga y colorida falda, el pelo suelto, una guitarra acústica en la espalda y decirme vamos al bosque a inventar canciones. Otro día llegaba vestida de jeans y cazadora de cuero café, con una cámara fotográfica colgando del hombro y decirme vamos al desierto a retratar trenes. Siempre en movimiento, siempre distinta. A veces, en noches de tormenta, le gustaba escaparse hacia el parque más cercano y efectuar una extraña danza a la luz de los relámpagos. Cuando le pregunte porque le gustaba hacer eso me contesto que quería aprovechar la energía del cielo. A ella le gustaba pintar, la poesía, la bohemia en pocas palabras. Fue por ella que de pronto me sentí pintor y decidí dejar de hacer todo eso que agradaba a mi madre, incluso terminar con Marisol.Alan.



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