lunes, 16 de febrero de 2009

EL HOMBRE DE OLEO ( II )


Y bien, una vez develado el misterio (según yo) concluí que el espejo era un anzuelo de mi madre. Sin embargo no hice nada por levantarlo y me quede sentado en el sofá observándolo, calculando el espacio que había entre el y yo. Pensando en los vampiros a los que aquel pequeño espejo negaría el derecho de admisión. El mundo únicamente se manifiesta porque es negado, dijo Sartre alguna vez, y en aquel momento no supe si la frase venia al caso o no, pero fue parte de un cúmulo de ideas que brotaron de mi mente cuando estaba observando a aquel objeto. Di un trago mas a la botella de tequila que sostenía con mi mano derecha y sonreí pensando en que, vampiros, filósofos existencialistas, cálculos espaciales y teorías de conspiración, pudieran desfilar en mi mente todos juntos, convocados por algo aparentemente tan sin importancia, como lo era aquel espejo.-- Suficiente material para una novela y tan insignificante que pareces — Dije viendo al espejo, y empecé a hablarle como si este pudiera entenderme. El alcohol empezaba a afectar mi cerebro.--No soy justo al minimizar tu importancia en el mundo, pues los grandes maestros te han utilizado mas de una vez como fuente de inspiración. Stendhal dijo que una novela es como un espejo que pasea por una carretera, reflejando tanto el azul del cielo como los charcos del suelo. Alguien mas dijo que ustedes son la puerta de entrada a un mundo inverso, otro hablo de un espejo que no reflejaba la imagen de quien lo contemplaba, si no sus deseos más profundos. Perseo mato a Medusa haciéndola mirar su propio reflejo en un espejo. Espejos que hablan, que atrapan, que liberan, que excitan, que mienten, que dicen la verdad, que dan vida y que asesinan. Patético, de que otra manera puedo llamar a semejante episodio de mi vida. Un sujeto ebrio tumbado en el sofá de una habitación y hablando con un objeto, gritando incoherencias sobre espejos y mujeres, mezclándolo todo.


Alan.

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